domingo, 3 de julio de 2016

Bitácora 02: Antología Lírica - César Vallejo

Trilce (1922)

Fue uno de los dos primeros poemarios que publicó a lo largo de toda su carrera como poeta, es muy importante ya que este demuestra la evolución del autor con el pasar de los años. En este caso, llega a ser más íntimo debido que incluye más elementos de su vida, concentrándose exclusivamente en la situación que vivió cuando llegó a Lima y es por ello que se centra en la soledad.

Según el Poema III, el yo lírico es un niño que vive la situación de haber sido dejado a cargo de sus tres hermanos, identificados como “Aguedita, Nativa, Miguel,” (Versos 5 y 25). El tema de la primera estrofa está relacionado a la soledad como un medio de esperanza, ya que el yo lírico nos habla de alguien que no llega “¿a qué hora volverán?” (Verso 1). La segunda estrofa está compuesta de un verso “Madre dijo que no demoraría” (Verso 4) al cuál se le puede atribuir el título de anáfora, ya que se repite exactamente al final de la tercera estrofa; además, nos brinda información de quién podría estar esperando el yo lírico, su madre. En la tercera estrofa se hace alusión a sus hermanos, que en conjunto también son identificados como anáfora ya que se repiten en los versos 5 y 25. “Acaban de pasar gangueando sus memorias” advierte el yo lírico de no pasar por ahí, por lo que se puede identificar una personificación hacia aquellas memorias, lo cual genera un efecto de curiosidad por aquel poder que poseen esas memorias que al estar gangueando pueden ser interpretadas como trágicas. Nuevamente sale a la luz algo característico de Vallejo, la adjetivación, en “dobladoras penas” (Verso 8) y “silencioso corral” (Verso 9), que dan a entender que se trata de penas que han dejado una gran marca en la personalidad del yo lírico hasta tal punto de dejarlo dolido y de un corral que fue testigo de ello. También cabe destacar el uso de la exclamación en el verso 15 “¡el mío es más bonito de todos!” donde se puede reflejar la gran inocencia y pureza que posee el yo lírico al elegir un barco que luego sería “fletados de dulces para mañana” (Verso 19) tal cual un juego de niños, lo cual llega a producir cierto sentimiento de ternura y nostalgia en el lector al tratar de recordar hechos alguna vez vividos en la infancia de cada uno. Vallejo nos deja una lección en la estrofa 5, donde nos da a entender desde la perspectiva de un niño, que quiere ser libre, lo cual va de la mano con los últimos versos “No me vayan a haber dejado solo,/ y el único recluso sea yo.” (Versos 27 y 28), ya que mientras Vallejo escribía el poemario se encontraba en la cárcel, por ende pudo haber experimentado la soledad completa y añora los momentos cuando se encontraba rodeado de sus seres más queridos. Por lo tanto se concluye con que el tema principal es la soledad nostálgica como aislamiento de la realidad.

Como ya se había mencionado anteriormente, Vallejo se encontraba en la cárcel, así que mediante el Poema XVIII se puede mostrar a mayor detalle cómo es que él se sentía dentro de esta. Iniciando con un paralelismo en los versos 1 y 2 “Oh la cuatro paredes de la celda./ Ah las cuatro paredes albicantes” donde también se puede encontrar una adjetivación en la señalización del color de las paredes, lo cual crea un efecto visual en el lector; sin embargo, esto va acompañado de sentimientos de desesperación, puesto que no se trata de un blanco que represente paz o pureza. Luego sigue con las descripciones mediante adjetivaciones “Criadero de nervios, mala brecha” (Verso 4) que dan a entender lo estresado y nervioso que el yo lírico se encontraba allí dentro, “Aherrojadas extremidades” (Verso 6) también demuestra la frustración que este sentía al sentirse oprimido y no poder ejercer su libertad; todo esto genera un efecto de compasión en el lector para con el yo lírico, puesto que se muestra muy vulnerable. “Amorosa llavera de innumerables llaves,” (Verso 7) probablemente describe un pequeño romance con la señora encargada de cuidar las llaves, ya que más adelante se menciona a ella como “libertadora!” (Verso 12), lo cual es manifestación de su desesperación por salir de allí. “Y solo yo me voy quedando” (Verso 19) otra vez se hace alusión a la soledad y esta se ve complementada con la búsqueda de alguien que lo ayude a salir de esa situación “Con la diestra, que hace por ambas manos,/ en alto, en busca de terciario brazo” (Versos 20 y 21). Además Vallejo nos enseña la realidad del sentimiento de una persona tras las rejas; “esta mayoría inválida de hombre” (Verso 23) donde finalmente deja claro que se siente inútil, inservible y como una carga más. Se concluye que el tema principal es la vida tras las rejas desde la perspectiva realista de un preso.

En el Poema XIX se puede mostrar a un Vallejo furioso por un gran desorden y caos en un lugar determinado. Se menciona a Hélpide en el primer verso; sin embargo, no se trata de una persona normal, puesto que en el euskera significa socorro, por lo que el lector informado intuye que el yo lírico necesitaba de mucha ayuda para lo que se avecinaba después y es por ello que acude a ella. Según el inicio de la segunda estrofa, nos podemos dar cuenta de que se describe humorísticamente a un lugar ‘patas arriba’ mediante la adjetivación y asíndeton “El establo está divinamente meado/ y excrementido por la vaca inocente/ y el inocente asno y el gallo inocente” (Versos 4-6); a pesar de esto, el yo lírico acepta que sus animales no son conscientes de lo ocurrido, por lo que lo toma con cierta calma, esto produce un efecto visual al imaginarse el lugar hecho una bazofia pero a la vez se siente una despreocupación. En la tercera estrofa se hace mención a elementos del cristianismo mediante la adjetivación y anáforas, puesto que el yo lírico recurre a la religión para poder recibir calma para afrontar la situación. A pesar de recurrir a numerosas entidades que le brinden la solución al problema, pero cae en cierto enojo “Quemaremos todas las naves!/ Quemaremos la última esencia!” (Versos 12 y 13) y se ve evidenciado mediante la anáfora. “y a hablarme llegas masticando hielo,/ mastiquemos brasas” (Versos 14 y 15) mediante esta antítesis se puede entender que al llegar Hélpide el yo lírico se encuentra desesperado y busca un conflicto “ya no hay donde bajar/ ya no hay donde subir” (Versos 16 y 17) del que lamentablemente no tiene escapatoria; esto hasta cierto punto llega a contagiarle al receptor los sentimientos de venganza que tenía el yo lírico para con Hélpide. Finalmente al iniciarse aquella pelea, Hélpide se atemoriza y es por ello que se dice “Se ha puesto el gallo incierto, hombre” (Verso 18) produciendo en el lector cierto temor al imaginarse a Hélpide suplicando. Se concluye con que el tema principal es la cólera frente a la tardanza de Hélpide.

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